Los desafíos únicos de la COVID-19 para las personas en recuperación

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Man being hugged by his family
Image Courtesy of pexels.com/Elly Fairytale

Septiembre es el Mes de la Recuperación, una oportunidad para enfocarnos en las necesidades de los millones de personas que viven con un trastorno por consumo de drogas en Estados Unidos, y también para celebrar a aquellos que están intentando dejar atrás el consumo o han logrado hacerlo. El estrés y el aislamiento de la pandemia de COVID-19 han generado problemas enormes para esta población, pero en último término la nueva realidad del cuidado de la salud podría crear oportunidades para hacer llegar los servicios de asistencia a más personas, y tal vez incluso ampliar el alcance de los sistemas de apoyo para la recuperación. 

Desde marzo, cuando se declaró una emergencia nacional y nuestra vida cambió radicalmente a raíz del confinamiento y el cierre de negocios y escuelas, se han registrado importantes aumentos en muchas formas de consumo de drogas. Entre fines de abril y principios de mayo, la organización Addiction Policy Forum (APF) (en inglés) llevó a cabo una encuesta nacional de 1,079 personas con trastorno por consumo de drogas para indagar de qué modo las estaba afectando la pandemia. El 20% de los encuestados reportaron que su propio consumo de drogas o el consumo de algún miembro de su familia había aumentado desde el inicio de la pandemia. Y un análisis de una muestra nacional de 500,000 análisis de orina para detección de drogas realizado por Millennium Health (en inglés) también reveló marcados aumentos a partir de mediados de marzo: 10% para cocaína, 13% para heroína,  20% para metanfetamina y 32% para fentanilo no recetado.

Todavía no hay datos nacionales globales disponibles en relación con las sobredosis, pero la información proveniente de algunos estados como Kentucky (en inglés) y Georgia (en inglés), al igual que reportes anecdóticos, sugieren que las muertes por sobredosis y el ingreso a salas de emergencia relacionado con las drogas aumentaron durante la primera mitad de 2020 en comparación con el año anterior. La herramienta de monitoreo Overdose Detection Mapping Application Program (en inglés), creada por Washington/Baltimore High Intensity Drug Trafficking Area (HIDTA), informó que los reportes de sobredosis aumentaron en el 62% de los condados participantes de todo el país, y la presentación general de reportes por sobredosis aumentó un 18% después de las órdenes de confinamiento en el hogar a mediados de marzo. Los núcleos de sobredosis parecieron trasladarse de los centros urbanos a las áreas suburbanas y rurales. (Un estado, Kentucky, subsecuentemente vio una disminución de las sobredosis luego de la reapertura del estado). En la encuesta de APF, el 4% de los encuestados reportaron una sobredosis desde el comienzo de la pandemia.

Hay muchos reportes anecdóticos de que las personas con trastorno por consumo de drogas tienen que esperar más para obtener tratamiento, y los cierres de centros de tratamiento también han limitado el acceso. Más de un tercio (34%) de los participantes en la encuesta de APF habían experimentado interrupciones en el acceso al tratamiento o al apoyo de recuperación desde el inicio de la pandemia, y el 14% dijo que no pudo obtener los servicios que necesitaba. Hay motivos para anticipar que las personas de bajos ingresos y los grupos minoritarios se verán especialmente afectados. A pesar de la vasta implementación de las pruebas de detección de COVID-19, los centros de salud comunitarios (en inglés), que sirven principalmente a poblaciones desatendidas, están viendo una disminución en las visitas de pacientes y también están experimentando problemas de personal.

La buena noticia es que la modificación de las políticas a fin de facilitar los servicios de telesalud y ampliar el acceso a fármacos para el trastorno por consumo de opioides pueden compensar en cierta medida estos problemas. Quienes sufren de un trastorno por consumo de opioides ahora pueden comenzar un tratamiento con buprenorfina sin necesidad de una visita inicial en persona al médico, que era la norma anterior. El tratamiento con metadona antes requería la dosificación diaria supervisada con opciones estrictamente controladas para llevar el fármaco al hogar, pero los pacientes considerados estables ahora pueden llevar a casa una provisión de dosis para 28 días; otros pueden recibir dosis para 14 días. Modificaciones a las reglamentaciones de Medicare y Medicaid también permiten ahora un reembolso más fluido de las consultas por trastornos de consumo de drogas realizadas en forma virtual (telemedicina). Estos cambios pueden ser de particular beneficio para las personas que viven en áreas rurales o que por algún motivo tenían dificultad para acceder al tratamiento en el pasado, y el NIDA ha proporcionado fondos adicionales (en inglés) a beneficiarios que evaluarán el impacto de tales cambios. Pero, inevitablemente, dado que muchas personas con trastorno por consumo de drogas no tienen computadoras o teléfonos inteligentes, será esencial implementar otros métodos innovadores, tales como combinar la telemedicina con el alcance en la calle (en inglés), para asegurar que todos reciban la atención que necesitan.

El estrés de la pandemia y el aislamiento social creado por las medidas de distanciamiento pueden tener un impacto mayor en las personas que están tratando de recuperarse de un trastorno por consumo de drogas. Tres cuartas partes de los encuestados por APF reportaron cambios emocionales desde el inicio de la pandemia, especialmente mayor angustia (62%), tristeza (51%), miedo (51%) y soledad (42%). Estas emociones aumentan el riesgo de recaídas y, desgraciadamente, las circunstancias creadas por la pandemia han hecho que el apoyo entre pares —como, por ejemplo, las reuniones de programas de 12 pasos o grupos similares— sea mucho más difícil.

Si bien el apoyo virtual para la recuperación puede no ser una opción para todos y es incapaz de capturar plenamente la experiencia de la interacción personal, aquí, al igual que en el ámbito del tratamiento, las herramientas de teleconferencia y las aplicaciones para teléfonos inteligentes están ayudando a algunas personas a adaptarse a las restricciones actuales sobre las reuniones presenciales. Varios de los emprendimientos (en inglés) que el NIDA respaldó a través de su Oficina de Iniciativas Traslacionales e Innovación de Programas (OTIPI), por ejemplo, ahora han adaptado sus herramientas para brindar asesoramiento y apoyo psicológico o facilitar la conexión entre pares durante la pandemia de COVID-19.

La COVID-19 continúa siendo una realidad incierta y cambiante, y sus efectos se sienten en forma particular entre las personas adictas y quienes se están recuperando de un trastorno por consumo de drogas. En estos momentos, hay datos muy escasos sobre cómo los trastornos por consumo de drogas están afectando la susceptibilidad a la COVID-19 y el desenlace de la enfermedad, si bien están emergiendo hallazgos a los que me referiré en un blog futuro. Al pensar en esta comunidad y apoyarla —este mes y todos los meses—, debemos crear e implementar nuevas maneras de facilitar la distribución del tratamiento y los apoyos necesarios para la recuperación en el marco de estas nuevas circunstancias.

Dra. Nora Volkow, directora

Aquí destaco la importante labor que está llevando a cabo el NIDA y otras novedades relacionadas con la ciencia detrás del consumo de drogas y la adicción.

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